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Anónimo
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>Mariana Mrv
Vengo a denunciar públicamente a Mariana Mrv por haberme contagiado el VPH y haberme mentido con que era virgen el pasado domingo 23 de diciembre:
Pasa y acontece que el pasado domingo 23, durante la pelea del siglo que no se llegó a dar, me encontraba caminando y filmando a los dibujitos para así atesorar un recuerdo. Al cabo de unos minutos, sentí antojo de dulces, así que me dispuse a buscar a algún vendedor de chocolates o chocotejas para saciar mi antojo. Sin embargo, mi búsqueda careció de éxito, por lo que opté por volver al centro de la reunión para continuar filmando. Entonces, como si de un deseo concedido se tratase, vi a lo lejos a una ambulante de golosinas, o al menos eso parecía. No perdí el tiempo y me le acerqué para preguntarle si vendía chocolate Princesa, ya que ese es mi favorito. Desafortunadamente, me comentó que no era ambulante y que, de hecho, ella venía desde muy lejos para apreciar la pelea del siglo, la cual sabemos que nunca se llegó a dar. Acto seguido, me preguntó si podía prestarle 5 soles para su colectivo, pues ella venía desde Ancón y se le había caído su dinero mientras un dibujito la estaba puntiando. Yo me reí y le dije: "¿Prestar? Pero si no me lo vas a devolver. Mejor solo di que quieres que te regale plata". Quizás fui un poco duro con mis palabras, ya que noté tristeza y vergüenza en la cara de la chica, cuyo nombre aún no sabía. Me disculpé y le comenté que realmente soy un cabellero, el cual no quiso dirigirse de forma grosera a ella, así que le pregunté por su nombre. "Me llamo marrana, ¿y tú?", me respondió. Su respuesta me dejó paralizado por un par de segundos. Yo me hallaba incrédulo ante lo que me había dicho, pues la persona que yo tenía en frente no lucía para nada idéntica a la marrana de las fotos. No obstante, fui caballero y accedí a presentarme también. Le di una moneda de 5 soles en su mano derecha, cerré su palma y le dije: "Aquí tienes para que te regreses sana y salva a tu cono". Mariana bajó la cabeza como si intentara esquivar mi mirada y dijo con vergüenza:
—¿Te puedo hacer una pregunta?
A lo que respondí afirmativamente.
—Has sido muy amable conmigo y eres el único que me ha dado dinero. Estos dibujitos son bien misios y ni para unas Rellenitas les alcanza —me dijo.
—No tienes que agradecerme. Simplemente me gusta ayudar —le contesté.
—Quisiera devolverte el dinero porque si no me sentiré en deuda eterna contigo, pero no sé cómo —prosiguió.
—Puedo acompañarte a tu paradero mientras piensas cómo, ¿te parece? —dije para aliviarla.
Entonces, pasaron las horas, el evento acabó y Mariana agarró mi brazo. Me dijo que era muy tarde para regresarse sola y que había ido sola al evento. Como caballero que soy, decidí acompañarla, pues las calles de Lima son peligrosas a altas horas de la noche, en especial para una mujer. Así fue: caminamos juntos hasta su paradero para esperar su bus; sin embargo, este no llegaba. Pasaban las horas y cada vez hacía más frío, el cual se notaba en la cara de Mariana, pues su característico color marrón se tornaba gradualmente más pálido.
Le comenté que se hacía tarde para mí y que me esperaba mi familia para cenar. La triste y desdichada Mariana me solicitó penosamente que me quedara, ya que tenía miedo de amanecer en alguna bolsa de basura como en las noticias. Me compadecí de ella y de su petición, pero pues no tenía todo el tiempo del mundo para acompañarla y esperar un bus que probablemente nunca vendría. Mariana nuevamente miró al suelo soltando unas palabras entre dientes, las cuales apenas alcancé a oír. Le pedí que repitiese lo que dijo; sin embargo, la noté cada vez más avergonzada, hasta que de pronto sacó valor de alguna parte y sugirió que podríamos esperar en un hostal.
Me negué a primeras, ya que no encontré atractiva a Mariana por ningún ángulo y tampoco sabía si ella estaba libre de alguna ETS. Entonces, me preguntó si al menos podía pagarle el hospedaje para que ella sola pasara la noche, pues muy posiblemente su bus ya no pasaría. Nuevamente me apiadé y accedí a pagarle. Nos adentramos en uno de los tantos hostales por la zona. Ingresamos a la vez y dejamos nuestros DNI's en recepción. ¿Qué hacía yo en la habitación? Se suponía que no iba a entrar. Creo que quizás por la costumbre entré sin darme cuenta. Le comenté eso a Mariana y le dije que estaba por retirarme.
Antes de abrir la puerta, ella me sostuvo por la espalda y me dijo que ya sabía cómo pagarme. Como ya han de suponer, me negué, me negué una y otra vez. Una, dos, tres, cuatro, muchas lágrimas salían de los ojos de Mariana.
—¿¡Por qué todos me rechazan!? —gritaba en llantos la pobre muchacha que solo quería un poco de afecto.
Le pedí que se sentara a un lado de la cama y le hablé un poco para que pausara su llanto, pero continuó. La chica no se controlaba y su llanto crecía a un ritmo descontrolado. Sentí miedo, pues quizás podrían pensar que le estaba haciendo daño, así que le tapé la boca... No debí hacerlo... Se dio la vuelta y me comenzó a dar sentones con un ritmo de caderas poco coordinado. A primera vista, sí parecía que tenía cero experiencia.
Le pregunté entonces si de verdad nunca había hecho este tipo de cosas. Ella, avergonzada, me comentó que ningún hombre la había querido tocar ni siquiera por dinero. Ella vio en mí la oportunidad para finalmente convertirse en mujer y poder presumir ante sus amigas. Yo, bastante apenado por su situación, acepté realizar el coito con ella, pero antes, le pedí que se colocara la funda de la almohada en la cara, ya que no había bolsas.
Para supuestamente ser su primera vez, me sorprendió que tuviera muy bien cuidada su zona íntima. Antes de comenzar, ella me pidió que la dejara tener el control por ser su "primera vez", a lo cual accedí sin vacilar. Se arrodilló, escupió en sus palmas y comenzó a brindarme placer oral como si de un becerro recién nacido se tratara. En este punto, ya no le creía que fuera virgen, pero pues sus labios y su lengua se movían muy bien como para quejarme. No se despegó de mí y ya habían pasado casi unos 30 minutos.
Me sorprendió que aguantara tanto la respiración, o quizás usó alguna técnica. Me pidió que acabara en su boca, pero simplemente no me salía nada. Entonces me dijo que era hora de subir de nivel. Se puso a cuatro patas y me pidió que entrara sin protección. Entré y, a primeras, se sintió bien. La chica sabía moverse, así que me esforcé poco. Sin embargo, aún no salía mi líquido vital, por lo que su último recurso fue entregarme el chiquito.
—Con esto sí o sí tienes que acabar —me dijo.
No pensé que fuera a entrar tan fácil, ya que mi miembro es bastante grueso y siempre he tenido problemas para entrar por ahí, pero pues Mariana lo soportó bien. Qué puedo decir, acabé a chorros y quise salirme para dejarla, pero ella apretó fuerte y me atrapó. No sé qué hizo, pero reactivó mi miembro y continuamos haciéndolo por el chiquito hasta el día siguiente.
Cuando me levanté, Mariana ya había partido. Busqué mi celular y mi billetera pensando que quizás me robó todo, pero felizmente fue una chica honrada.
Al llegar a mi casa, fui al baño como de costumbre y sentí un ligero ardor al intentar mear. Tras realizar mucho esfuerzo, por fin salieron unas gotas, las cuales me asustaron, pues estaban de color rojo. Traté de recordar si es que comí beterraga el día anterior, pero no. Era sangre lo que salía de mí. Entré en desesperación y casi lloro.
Fui al médico a realizarme un chequeo. El informe fue que no solo tengo papiloma, sino también gonorrea, herpes y bebalaria.
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