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Anónimo
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Lo peor de todo fue el trayecto de vuelta a casa, verla tan normal, como si no hubiera pasado nada, me hablaba de cualquier cosa, pero yo no podia poner atención. A la mente me venían flashazos de lo que acababa de ver, incluso me llegó un pensamiento que me invadió un buen rato, la habían follado como una puta un completo desconocido para ella, y ahí estaba sentada junto a mi en el auto, hablando como si no hubiera tenido una verga metida hasta el fondo hace apenas unos minutos. Cuantas veces mas no habría cogido con alguien y yo ni en cuenta. Con qué clase de puta tenia una relación, y a pesar de que la idea me carcomía el pensamiento y no me dejaba concentrarme, la verga se me había puesto como roca. Paramos en el rojo del semaforo, ya era de madrugada y casi no había autos en la calle, así que tiré el anzuelo. Abrí mi pantalón y me saqué la verga, ella miraba por la ventanilla así que no notó nada, tuve que hablar -Amor, me ayudas?- Ella volteó y la mirada le cambió, frunció el ceño y me dijo -Por qué puta me tomas?- No podía creerlo, a un completo desconocido le habia mamado y montado la verga, pero a mi rechazaba, eso me humilló. El resto del camino fue callado, llegamos a casa, me abrí una cerveza y me quedé mirando un rato tv en la sala, cuando llegué al cuarto ella ya dormía. Su enojo duró un par de días contestandome con monosilabos y esquivando mi mirada. La amo y se que ella me ama también, lo noto cuando hacemos el amor, simplemente no me deja hacerle cosas vulgares o diferentes, solo lo hacemos de misionero, y aunque no la veo gozar ni venirse conmigo, siento amor en sus besos y caricias. Estoy destinado a vivir una vida sin pasion ni romance, se que ella allá afuera lo encuentra facilmente y eso es suficiente para mi.
-H.S.