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Iniciación Involuntaria (Cuckold)
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Iniciación Involuntaria (Cuckold)
Anónimo

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Mi vida sexual había entrado en un bache. Con mi ex esposa era como rodar cuesta abajo; después del divorcio, el deseo se evaporó por completo. Pero entonces conocí a mi nueva pareja, la llamaremos Mia, una bomba de energía y pasión que revivió mis huesos. Aunque no nos casamos, vivimos juntos durante cinco años, nuestra relación es sólida pero recién empieza. Desde la primera vez que compartimos cama, supe que era diferente. No podía quitarme a Mia de la cabeza, y mi fantasía secreta empezó a tomar forma, yo quería compartirlo todo con ella, incluyendo mis deseos más oscuros. El cuckolding había estado rondándome la mente, pero nunca me atreví a mencionarlo.
Una vez fuimos a una fiesta con mis amigos, en esta fiesta estaba este joven amigo de un amigo. Yo lo conocía pero no éramos cercanos. Desde que llegamos noté que él no le quitaba la mirada de encima a Mia, y prácticamente se la comía con la mirada. Al principio ella no lo notó o si lo hizo no lo demostró. Pero durante toda la interacción en la fiesta, el joven empezó a acercarse y hacerle platica a Mia mientras yo hablaba con otros amigos. La sangre me bullía por dentro al verlos juntos, sobre todo porque él la hacía reír; una mezcla de celos y excitación incontrolable. Podía sentir las hormonas masculinas fluyendo en plena crecida, pero al mismo tiempo, esa misma oleada ardiente se dirigía hacia mi entrepierna. Ese fue el primer momento que noté cómo me afectaría la idea del cuckolding. En ese instante sentí una erección poderosa y dolorosa que tuve que ocultar cruzando las piernas para no mostrar ninguna señal externa de lo que sucedía debajo de mi pantalón. Mi deseo era palpable pero tenía miedo de expresarlo. Mia sería capaz de llevar esto a la práctica? La idea me excitaba tanto como me angustiaba. Fue un verdadero martirio escuchar y seguir atentamente la charla con mis amigos, sin dejar ninguna señal de lo que realmente me pasaba por dentro. Tenía que mantener una expresión serena mientras mi mente volaba tratando de imaginar qué exactamente el joven amigo decía para hacer reír tanto a Mia. A mí me costaba mucho lograr ese efecto en ella, pero para él parecía algo muy fácil y natural. Cualquiera que los viese como yo los estaba observando podía notar la atracción inmediata e intensa entre ellos. Mia no dejó de sonreír durante todo el tiempo, mordiendo sus labios rojos mientras jugueteaba con su cabello. Una o dos veces, cuando ella tomaba una trago de su copa abrió los ojos como platos, sorprendida por alguna insinuación fuerte que él le hizo. Podía ver la excitación y el deseo en sus pupilas dilatadas mientras compartían un momento íntimo a mis espaldas, ignorando completamente mi presencia en aquella fiesta bulliciosa.
Mi mirada estaba clavada tanto en ellos, que pude percibir casi cada centímetro del acercamiento inevitable de sus cuerpos. A medida que se movían juntos en la fiesta bulliciosa, el joven amigo poco a poco fue acortando las distancias hasta mantenerse tan cerca como para intercambiar murmullos íntimos. Cuando casi no había nada de espacio entre ellos, él se acercó a su oído y susurró algo atado al cuello de Mia, ella abrió los ojos sorprendida. Él entonces dio la media vuelta y se dirigió hacia el patio de la casa donde había más gente para fumarse un cigarrillo, dejándola sola ahí inmóvil por un segundo. Pude ver cómo sus cachetes sonrojados buscaban cobertura entre las manos mientras ella hundía su rostro en la copa intentando disimular esa expresión excitada y llena de deseos. Inmediatamente vi a Mia buscar con los ojos hasta encontrar mi ubicación, yo aprovechándome para seguir manteniendo una fachada de normalidad fingí estar sumergido en alguna plática más junto a otros amigos. Ella entonces se escurrió entre la multitud y siguió al joven amigo hacia el patio. Mi corazón latía con mucha fuerza mientras me negaba a seguirlos con la mirada.
Me disculpe con mis amigos fingiendo ir al baño mientras mi mente trataba de procesar lo que acababa de suceder. Sin pensarlo dos veces, me coloqué cerca del patio para observar en secreto sin ser visto. Mi sorpresa fue mayúscula cuando no encontré a Mia y el joven amigo en ninguna parte del área abierta; parecían haber desaparecido. Recordando la existencia de una puerta que llevaba al garaje desde el patio, mi instinto me guio hacia allí sin dudarlo. Con la sangre bombeándome al máximo y los nervios agudizando mis sentidos, alcancé lentamente la entrada del garaje. Allí me acerqué lo suficiente para escuchar cualquier sonido que pudiera indicar su presencia. Mi piel se erizó cuando los escuché realmente ahí adentro; sus voces susurrando íntimamente. Aunque no entendía lo que decían, reconocía perfectamente las voces de Mia y su nuevo compañero. En mi mente luchaba contra mí mismo tratando de decidir si intervenir o dejarlos continuar con aquel encuentro. Pero solo tuve que prestar atención a dos palabras clave para comprender lo que realmente estaba pasando: "Está bien", murmuró Mia, cediendo ante los avances del joven amigo que la había convencido de hacerlo. Yo simplemente sentía que mi erección crecía y se enroscaba cada vez más firmemente contra mis pantalones.


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