Anúnciate / Advertise on Hispasexy

Anúnciate / Advertise on Hispasexy

▲ ▼ ▲ ▼ [Volver] [Catálogo] [★]
Estás en el hilo 10792 de /r/.
Título  
Opciones
Post
Archivo URL
Pass  (Para eliminar tu post, opcional)
Tipos de archivo: GIF, JPG, PNG . Tamaño máximo: 32 MB.

Por un problema técnico se han perdido algunos posts e hilos de los últimos 2 días. Si es tu caso, puedes volver a postearlo. Disculpen las molestias.
¡Importante! Lee las reglas antes de participar.

IMPORTANTE: Perdimos acceso al antiguo email de Hispasexy. Puedes encontrar el nuevo email en la página de contacto.
Es posible que hayamos perdido tu contacto. Si tenías asuntos pendientes, por favor escríbenos a la nueva dirección de email lo antes posible para recuperar el contacto. Gracias.

Anita trabajadora de mi negocio...
[A]
179039734714.jpg [S] ( 135.92KB , 768x1368 , final_image_459...jpg )
10792 Anita trabajadora de mi negocio...
Anónimo

/#/ 10792 [★]

Ana llevaba tres meses trabajando en mi bar-restaurante y desde el primer día supe que quería follármela. Es una zorra de 23 años con cuerpo de puta: culo grande, tetas naturales y una cara de inocente que solo me excitaba más. Pero la muy perra me ignoraba, me trataba con desprecio como si fuera un viejo asqueroso. Eso iba a cambiar.

La había estado espiando. Sabía que robaba dinero de la caja registradora, pequeñas cantidades que pensaba que nadie notaría. También sabía que su novio era un vendedor de droga de mierda y que ella a veces le ayudaba a distribuir en el bar cuando creía que no había cámaras. Pero yo tenía todo grabado. Todo.

Un martes por la noche, después del cierre, la llamé a mi oficina. Ana entró con su uniforme negro ajustado, esas medias de rejilla negras que le llegaban hasta la cintura marcando sus muslos gruesos, y su coleta de putita obediente.

—Cierra la puerta —le ordené.

—¿Qué pasa, jefe? Tengo prisa —respondió con esa voz de desinterés que me hervía la sangre.

Saqué mi celular y le mostré el video de ella metiendo billetes en su bolso. Luego las fotos de ella intercambiando un paquete blanco con su novio narco en el baño de mujeres. La cara de la perra se descompuso. Se puso pálida, empezó a temblar.

—Esta mierda va directo a la policía y a tus padres —dije sonriendo—. ¿Sabes cuántos años te caen por traficar? ¿O por robo? Tu novito irá a la cárca, pero tú, putita, vas a perder todo. Tu familia te repudiará. Tus amigas te escupirán.

—Por favor... no... —tartamudeó, con lágrimas corriendo por sus mejillas—. Le diré a mi novio que te pague. ¡Te pagaré el doble de lo que robé!

Me reí en su cara. Me levanté de la silla y me acerqué a ella. La agarré por la barbilla con fuerza, obligándola a mirarme.

—No quiero tu dinero, zorra. Quiero tu culo. Quiero hacerte pagar con tu cuerpo de puta por todo este tiempo tratándome como si fuera mierda. Te voy a follar como la basura que eres, y si no abres las piernas, mañana mismo llamo a los pacos.

Ana sollozaba, jadeando, con los ojos desorbitados. La humillación la consumía. Sabía que no tenía opción. Su vida se desmoronaba en ese momento.

—Bien... —susurró derrotada—. Pero que sea rápido...

—Rápido dice la puta —escupí—. Te vas a quedar exactamente como estás. Quiero verte con tu uniforme de perra obediente mientras te rompo el culo.

La empujé contra el escritorio. Con una mano le levanté la falda negra, revelando ese tanga rojo de hilo que apenas cubría su coño afeitado. Las medias de rejilla negras se clavaban en su piel blanca, subiendo hasta su cintura, creando un contraste obsceno. La muy zorra hasta vestía como puta debajo del uniforme.

—Mira esta puta —dije mientras le bajaba el tanga hasta las rodillas—. Ya estabas lista para ser usada, ¿verdad? ¿Te pones esto pensando en que alguien te violaría?

—No... por favor... —gemía, con la cara contra la madera del escritorio.

Le separé las piernas a la fuerza y metí dos dedos en su coño sin lubricación. Ana gritó, se retorció, pero no podía escapar. La tenía agarrada por el cuello, presionándola contra el escritorio.

—Apretadita, ¿eh? —bromeé mientras movía mis dedos dentro de ella—. Tu cuerpo me odia pero tu coño ya está mojado, zorra de mierda. Te excita ser tratada como basura.

Saqué mi verga, dura como piedra, y la froté contra sus nalgas. Le escupí en el culo y me introduje de una estocada. Ana chilló como cerda, arañando el escritorio con sus uñas pintadas de rojo.

—Cállate, puta —gruñí mientras empezaba a embestirla con fuerza—. Toma, toma, toma... esto es lo que mereces por robarme, por pensar que eras mejor que yo.

Cada embestida la hacía gemir y llorar al mismo tiempo. La agarraba de las medias de rejilla, usando los hilos como riendas para clavarla más fuerte contra mí. Su culo rebotaba con cada golpe de mis caderas contra sus nalgas. El sonido de nuestra piel chocando llenaba la oficina.

—Eres una puta inútil —escupía mientras la penetraba—. Una ladronzuela que solo sirve para ser usada como recipiente de semen. ¿Te gusta? ¿Te gusta que tu jefe te folle como a la basura que eres?

—No... por favor... para... —balbuceaba entre sollozos.

Pero no paré. La volteé y la tiré al suelo de cemento frío. Se quedó a cuatro patas, temblando, con el maquillaje corrido por el llanto, las medias de rejilla rasgándose contra el piso sucio, el tanga rojo todavía en sus rodillas. Parecía una puta barata, una prostituta de mierda.

Me agaché detrás de ella y le separé las nalgas con brutalidad. Me metí de nuevo en su coño, ahora más húmedo, más receptivo. La zorra estaba disfrutándolo, aunque su mente se negaba.

—Mírate —grité mientras aceleraba el ritmo, clavándola contra el suelo—. A cuatro patas como una perra en celo. Esto es tu lugar, Ana. En el suelo, siendo follada por tu jefe, pagando con tu cuerpo de mierda.

Agarré su coleta y tiré hacia atrás, forzándola a arquear la espalda. Con la otra mano le azoté el culo una y otra vez, dejándole marcas rojas en la piel blanca.

—Lo siento... lo siento... —repetía como idiota.

—Ya es tarde, puta —gruñí acercándome al orgasmo—. Voy a llenarte de semen y vas a agradecerme. Vas a limpiar mi verga con la boca después y me vas a suplicar que no llame a la policía.

Aumenté la velocidad, embistiendo sin piedad, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mi verga. Ana gemía ahora sin control, mezclando el dolor con una excitación que no podía negar. La zorra estaba disfrutando ser humillada, ser usada, ser tratada como el pedazo de carne barata que era.

—Me voy a correr, puta —anuncié agarrándola por la cintura—. Voy a llenar tu coño de mierda con mi semen y vas a ir a casa goteando mi leche, recordando quién manda aquí.

Con un último empujón brutal, me vacié dentro de ella. Ana gritó sintiendo cómo la inundaba, cómo su cuerpo era marcado por mí. Chorro tras chorro, llené su coño, dejándola llena, usada, rota.

Me salí de ella y vi cómo mi semen empezaba a escurrir por sus muslos, manchando sus medias de rejilla negras, mezclándose con su propia humedad. Se desplomó en el suelo, jadeando, llorando, con el uniforme arrugado y el tanga rojo todavía en sus rodillas.

Me arrodillé junto a ella y le agarré la cara, obligándola a mirarme.

—Mañana vas a venir con las mismas medias de puta y el mismo tanga rojo —ordené—. Y vas a sonreírme como la buena perra que eres. ¿Entendiste?

Ana asintió, derrotada, humillada, convertida en mi juguete sexual.

—Sí... jefe...

Me levanté y me acomodé la ropa. Antes de salir, le escupí en el suelo junto a ella.

—Limpia mi oficina, zorra. Y recuerda: ahora eres mía.


Eliminar hilos/posts
Reportar un hilo/post
[Volver] [Catálogo] [★]