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Anónimo
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Referencia/Inspiración de Kim (para que se imaginen mejor el relato)
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Kim se puso de pie, se dio la vuelta dándole la espalda a Jorgito, quien seguía en el piso y ahora tenía una vista del culo de ella. Kim luego subió la parte de sus leggins, haciendo que se metieran aún más entre sus nalgas y su culo se levantara. Después se puso de rodillas en el sillón, pegando su pecho contra el respaldo. Ahora Jorgito de pie frente al sofá tenía una vista perfecta del culo y espalda de Kim. Sus ojos se clavaron en esas tremendas nalgas presas de aquellos apretados pantalones deportivos que eran devorados por aquella magnífica cola.
—¿Te gusta mi colita? Se que te gusta, no creas que no noté que te le quedabas viendo cuando entré?—Kim dijo con desdén y comenzó a mover su culo mientras sus nalgas rebotaban de arriba abajo, con la esperanza de que esto terminara lo antes posible. Mientras, Jorgito sentía que su verga estaba a punto de estallar.
—Jálate tu cosita, así como te lo hice ahorita, pero cuando sientas cosquillitas y ganas como de hacer pipí me avisas—advirtió Kim, mientras volteaba y levantaba la mirada sobre su hombro para mirar a Jorgito, quien estaba petrificado con los ojos aún fijos en su culo y tenía su pito duro al aire. No quería que aquel mocoso echara sus asquerosos mecos sobre ella y manchara su caro conjunto deportivo.—Ándale, mi niño, ¿qué esperas?—dijo Kim, y como si esas fueran las palabras mágicas, Jorgito salió del trance y comenzó a jalarsela como mono cilindrero en celo. Por las pequeñas muecas que hacía el niño supo que aún no sabía hacerlo bien, pero, ¿qué más daba? No era su problema, ella solo quería acabar con aquello y largarse de ahí. Asqueada por aquella cría color cartón mojado, Kim regresó la mirada y dejó que aquel chamaco hiciera lo suyo a sus espaldas mientras aún seguía rebotando sus firmes nalgas.
De repente sintió unos pequeños golpecitos en su culo. Era Jorgito quien, con su pitito en mano, comenzó a azotarlo entre sus nalgas.
—¡Ey, no! ¡¿Qué estás haciendo?!—gritó Kim, pero antes de que pudiera darse la vuelta, aquel mocoso meado rodeó su cintura con sus brazos, sujetándose bien, y comenzó a embestir su entrepierna contra el culo de ella.—¡No, espérate! ¡No te dije que podías hacer eso!—Kim trato de levantarse del sillón, pero el peso de aquel chamaco la vencía, hundiendo más su pecho sobre el respaldo del apestoso sillón, dejando su culo a merced de Jorgito quien abrazaba sus caderas y se movía por instinto. Estaba pegado cual garrapata a ese hermoso culo.
Después de unos momentos de forcejeo, Kim sintió como algo espeso y cálido penetraban la tela de sus leggins y se escurría entre sus nalgas. Jorgito había echado sus apestosos, pegajosos y calientitos mecos sobre ella. El olor a esperma cubrió el cuarto y se combinó con el hedor de meados y humedad.
—¡Pinche niño! ¡¿Qué hiciste?! ¡Te dije que me avisaras!—gritó Kim, separando los brazos de Jorgito de su cintura, quien ya estaba vencido por el placer, por lo que ella no batalló en quitárselo de encima.
Kim rápidamente se puso de pie, separó sus nalgas con ambas manos y echó un vistazo sobre su hombro. Rápido confirmó unas pequeñas y blanquecinas manchas que habían dejado los mecos de Jorgito en su culo.
—¡Qué asco!—le gritó al niño, pero este no respondió pues su mente se encontraba nublada por la delicia de echarle los mecos por primera vez a una mujer.
Kim buscó en la habitación algo con qué limpiarse, y agarró un periódico húmedo y arrugado que estaba en una de las esquinas. Extendió la hoja y la puso donde el niño había expulsado sus deseos para que el papel absorbiera el semen. Se restregó un par de hojas más, pero las pequeñas manchas ya se habían impregnado en su ropa.
—Oye, Jorgito, despierta—dio unos pequeños golpecitos con su mano en el cachete de Jorgito para que reaccionara.—Ya cumplí con mi parte, ahora borra el vídeo—dijo.
—S-sí, señora—Jorgito se levantó, completamente desnudo, y se dirigió a un mueble delante del sillón, y de entre unos peluches que estaban debajo del viejo televisor, sacó el celular. Kim trató de arrebatarlo, pero el niño la esquivó.
—Está bien, pero quiero ver qué borres el vídeo aquí frente a mí—dijo ella.
Jorgito rápidamente le picó a su celular y cuando ya tenía el vídeo en pantalla se lo mostró a Kim. Sus dedos dieron clic en aquel símbolo de bote de basura. “Estas seguro de que quieres eliminar este video”, apareció en la pantalla y el niño eligió “Sí”; repitió el mismo proceso en la papelera.
Una vez que Kim vio esto, se dirigió a la puerta para dejar el lugar.
—¿No querías hablar con mi mamá?—dijo Jorgito.
—Lo que quiero es largarme de este pinche cochinero—exclamó Kim, molesta.
Jorgito no dijo nada, se quedó en silencio mientras se ponía su apestosa ropa de nuevo. Después, con el celular aún en mano siguió a Kim por el patio frontal lleno de fierro viejo y basura hasta la reja. Kim salió y el niño la cerró con llave.
Ella ya estaba a punto de abandonar ese rincón de mala muerte abandonado por Dios cuando lo recordó.
—Oye, Jorgito, tampoco le vayas a decir nada a tu mami sobre lo que te hizo Damián—dijo con una voz dulce para persuadir al niño.
—¿Conoces a Damián?—exclamó Jorgito, extrañado y sorprendido.
—Sí, yo soy su mamá, y si dices algo le puede…
—¡Ya tengo con que vengarme!—gritó el niño, extasiado, mientras en su cara se formaba una sonrisa y los mocos se escurrían.
—¿De qué hablas?—dijo Kim, desconcertada.
“Que rico pito tienes, mi niño”, salió del celular del niño, mientras le mostraba el teléfono a Kim por dentro de la reja. Jorgito había grabado todo, y ahora aquel hijo de puta la tenía en video jalándosela a un niño y como este le embestía el culo hasta correrse.
—¡Vete a la verga, pinche niño! ¡Dame ese celular!—chilló Kim, con furia, mientras trataba de abrir el portón y metía uno de sus brazos por la reja con la esperanza de alcanzar al niño.
—¡Oiga, ¿usted quién es?!—gritó una señora mantecosa a lo lejos. Era la mamá de Jorgito quien venía de su turno en Coppel.—¿Qué hace ahí, que quiere?—Siguió gritando mientras se aproximaba más.
Kim, en pánico, sacó el brazo de la reja y emprendió la huida, mientras Jorgito se escabullía entre el montón de basura hasta la puerta de su casa.
Fin de la parte 1
Díganme que les pareció. Se que tiene algunos errores pero tampoco quería hacer una obra de arte, solo un relato porno ficticio. Como sea, cualquier comentario es bienvenido. De igual manera les digo que tengo planeadas otras 7 partes, aunque aún las estoy escribiendo.