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Kim y Jorgito (Parte 1)
[A]
Kim y Jorgito (Parte 1)
Anónimo

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Hola, yo siempre he sido bien morboso, desde chamaco ya leía el libro vaquero y veía revistas porno con mis amigos, por lo que desde chiquillo siempre tenía fantasías de cogerme a mis maestras o vecinas adultas. Esa calentura persiste hasta el día de hoy, dando origen a relatos que escribó en el calor del momento cuando me prendo. Este es uno de ellos.

Cabe aclarar que, aunque mis fetiches y fantasías que tenía desde que era niño se reflejen aquí, las situaciones y personajes son totalmente ficticios, nada de esto pasó y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Esta es una de mis historias.

Damián era un desastre. Era el típico niño güero mamoncito que se cree superior a los demás por llevar cosas caras a la escuela. Medio carita sí estaba el wey y por eso las niñas siempre estaban detrás él, aunque las molestara. Ya tenia varios reportes por desorden en el aula, pero la gota que derramó el vaso fue cuando el intendente lo vio molestando a Jorgito detrás de los salones durante el recreo.

Jorgito no era mejor. Era el clásico niño prieto y moquiento de barrio que siempre iba con el uniforme sucio y le mendigaba un taco de huevo a la señora de la cooperativa. El típico chamaco jodido que no tiene ni donde caerse muerto; de ahí que Damián lo agarrara de su puerquito.
Kim, la mamá de Damián, asistió ese día a la salida por un llamado del director.

—Señora, no dejamos de recibir quejas de que su hijo molesta a sus compañeritos. No le dimos importancia porque así son los chamacos, ¿verdad? Pero hoy Damián golpeó a Jorge, uno de sus amiguitos y lo dejó todo lleno de tierra. ¡N’mbre si lo viera! Pero aquí lo importante es que si la mamá de ese niño viene a quejarse no nos quedará de otra más que expulsar a su hijo. Yo le recomiendo que vaya y hable con ella. Ya sabe uste’, arreglarse por afuera—le dijo el director a Kim.

Kim sabía que no podía darse el lujo de que expulsaran a su hijo. Damián ya estaba en sexto de primaria, y ya era mayo, solo faltaba un par de meses para que se graduara. El niño ya había perdido un año y su nuevo novio no le daría lana para inscribir al escuincle en otra escuela. El cabrón no se quería hacer cargo de una larva ajena: “ya mucha tenía con comprarle cosas para tener contenta a Kim y que esta le soltara el culo”, pensaba su nueva pareja. No le quedaba de otra más que ir a hablar con los padres de Jorge en unos días.

Ya eran las 2 de la tarde cuando Kim salió camino a la casa Jorge —ni loca iría más temprano, por nada del mundo se pierde su rutina del gym y la comida con sus amigas—, tomó un uber y le dio la dirección que el director de la escuela le había proporcionado. Cuando se bajó del auto se encontraba en una colonia de mala muerte. La calle ni pavimentada estaba, era pura terracería, y frente a ella se levantaba a una vieja casa, de esos tejabanes que parecen obra negra, tienen un techo de lámina todo jodido y cuentan con puro fierro viejo y basura en la entrada. “No mames, pinche cagadero del diablo”, pensó ella.

Kim tocó la reja de la casa, y después de unos segundos, salió un niño sosteniendo un teléfono celular que vestía solo boxers rotos y una vieja playera blanca toda percudida, ya con los sobacos todos amarillentos por el sudor, e iba con unas chanclas de esas que te encuentras por 20 pesos en el Soriana.

—Tú debes ser Jorgito, ¿verdad? ¿Puedo hablar con tu mami?—dijo Kim.

—Todavía no llega del trabajo—dijo el niño, mientras abría la reja con una llave y se limpiaba los mocos que le escurrían—pero puede esperar adentro si quiere—Jorgito apuntó hacia el interior de su casa.

>> Anónimo /#/ 7738 [X]
>>7736 (OP)
Referencia/Inspiración de Kim (para que se imaginen mejor el relato)
https://gofile.io/d/flXuuL

Cuando Kim entró se encontró con una habitación que funcionaba como sala y comedor, y alrededor había tres habitaciones: dos estaban cerradas y una que parecía ser la cocina no tenía puerta. El olor a meados y humedad era tan intenso que Kin no pudo evitar taparse la nariz con la palma de su mano; “no mames, qué asco”, pensó ella.

—Puede esperarla en el sillón, mi mamá ya no tarda en llegar—dijo Jorgito señalando un viejo y polvoriento sillón que se encontraba en medio de la habitación frente a un mueble con una tele y grasientos y viejos juguetes.

—Sí, gracias…—dijo ella mientras volteando a ver a Jorgito quien se encontraba detrás de ella cerrando la puerta. Notó que el niño no dejaba de verle el culo de reojo.

Kim acostumbraba a vestir ropa deportiva: tops, leggins (de esos que se meten entre las nalgas de las putas que lo usan para resaltar el culo), e impecables tenis blancos; en esta ocasión llevaba un hermoso conjunto deportivo verde ajustado que dejaba al descubierto parte de su espalda. A ella le gustaba vestir esa clase de prendas porque sabía lo que provocaba en los hombres. Le encantaba subir fotos y videos a Instagram con “rutinas para el gym”, aunque muy en el fondo sabía que lo hacía para llamar la atención de los pendejos que le daban follow por morbosos. Y Jorgito no era la excepción.

Cuando ella se sentó notó que el olor a meados aumentaba, por lo que se cruzó de piernas e irguió su espalda para tocar lo menos posible aquel apestoso mueble con su cuerpo.

—Yo me voy a sentar aquí a jugar juegos mientras llega mi mamá—exclamó el niño mientras se sentaba en el otro extremo del sillón con el celular en sus manos.

Después de unos minutos Kim escucho el “clic” típico que se escucha cuando tomas una foto, y al voltear hacia Jorgito vio como este ocultaba rápido su teléfono entre sus piernas. “Pinche chamaco jarioso, me está tomando fotos”, pensó.

—A ver, Jorgito, préstame tu teléfono—dijo mientras estiraba sus brazos hacia el niño.

—No, estaba jugando, no hice nada—chillo Jorgito mientras se hacía bolita.

—¡A ver, pinche chamaco cochino, ya vi que me estás tomando fotos, dame ese pinche celular!—gritó Kim mientras estrujaba al niño para quitarle el celular.

—¡Que yo no hice nada, no me pegue!—chillaba más fuerte el niño mientras lágrimas salían de sus ojos—¡Le voy a decir a mi mamá que me está pegando!—gritó.

—A ver, niño, yo no te estoy haciendo nada—dijo mientras seguía tratando de obtener el teléfono celular, cuando tocó algo pequeño y duro: era el pito de Jorgito. Ella rápidamente se levantó y se hizo para atrás.

“¡Que yo no hice nada, no me pegue! ¡Le voy a decir a mi mamá que me está pegando!”, se escuchó. Jorgito había grabado el momento, y mientras el sostenía el teléfono, Kim aún de pie y molesta miraba el vídeo. Sabía que si alguien más veía el vídeo no solo su hijo iba a estar jodido, sino también ella. Se abalanzó sobre el niño, pero él fue más rápido y corrió por la habitación, chocando contra los muebles mientras ella lo perseguirá, hasta que se escabulló a uno de los cuartos y se encerró. Kim trato de abrir la puerta, pero era inútil. Estaba cerrada por dentro.

—Ya, Jorgito, abre la puerta—dijo Kim con una voz suave para no espantar más al niño.

—¡No, y le voy a decir a mi mamá lo que me hizo cuando llegue!—dijo aun sollozando—¡Y ya escondí el celular y no lo vas a encontrar!

—Ya no llores, Jorgito. Vi que te gusté mucho, y si borras ese vídeo, te puedo hacer un favor—dijo Kim, sin pensar con claridad por la desesperación.

—¿D-de verdad?—dijo Jorgito con una voz más alegre mientras se escuchaba como se sorba los mocos.

—Sí, ven, miamor, aquí te espero en el sillón—dijo con una voz coqueta mientras se dirigía hacia el sofá.

>> Anónimo /#/ 7739 [X]
>>7738
Referencia/Inspiración de Kim (para que se imaginen mejor el relato)
https://gofile.io/d/4n08Pl

Unos segundos después salió Jorgito, y vio a Kim sentada. Caminó lentamente hasta encontrase frente a ella.

—Solo prométeme que no vas a decir nada a nadie—dijo ella.

—S-sí, señora—dijo Jorgito, nervioso.
—Primero quítate los boxers—dijo Kim, y cuando vio el pequeño pito de Jorgito, la realidad la golpeó. “¡¿Qué carajos estoy haciendo?!”, pensó, pero antes de que pudiera hacer algo, Jorgito, totalmente desnudo, se sentó entre sus piernas.

La espalda de Jorgito se recargó en su torso y su cabeza sebosa descansaba en sus pechos. El olor que desprendía era horrible: una mezcla de meados y sudor. Sabía que ya no se podía echar para atrás. ”Se la jalo para que se venga rápido y ya”, se dijo a sí misma mientras bajaba sus manos a la entrepierna de Jorgito. Con una mano agarró los pequeños testículos mientras que con la otra estiraba hacia abajo el cuerito para descubrir la cabeza del pene. Otro olor aún más fuerte golpeó en su nariz, mientras pequeñas gotas de un líquido amarillento llenaban sus dedos. Si aquel niño vivía entre ese pinche cochinero era obvio que menos sabría lavarse el esmegma del pito.

—Que rico pito tienes, mi niño—se forzó Kim a decirle mientras su mano ya lubricada por la apestosa secreción se movía de arriba a abajo.

La verga de Jorgito cada vez se hinchaba más mientras cerraba los ojos y hundía la nuca en los pechos de Kim. El conjunto deportivo que ella usaba comenzó a ser penetrado por el sebo y sudor del niño. Sin soportar más el asco, lo empujó de sus piernas y cayó de rodillas mientras él escupía un alarido.

—Perdón, miamor, pero tengo una mejor idea—dijo ella. Quería terminar lo antes posible y sabía que debía usar su arma secreta: su enorme culo.

>> Anónimo /#/ 7740 [X]
>>7739
Me gusto el relato negrito, si puedes continuarlo sería bueno! Hace rato no se lee nada bien escrito, saludos y feliz navidad!

>> Anónimo /#/ 7741 [X]
>>7739
Referencia/Inspiración de Kim (para que se imaginen mejor el relato)
https://gofile.io/d/j1uxF7

Kim se puso de pie, se dio la vuelta dándole la espalda a Jorgito, quien seguía en el piso y ahora tenía una vista del culo de ella. Kim luego subió la parte de sus leggins, haciendo que se metieran aún más entre sus nalgas y su culo se levantara. Después se puso de rodillas en el sillón, pegando su pecho contra el respaldo. Ahora Jorgito de pie frente al sofá tenía una vista perfecta del culo y espalda de Kim. Sus ojos se clavaron en esas tremendas nalgas presas de aquellos apretados pantalones deportivos que eran devorados por aquella magnífica cola.

—¿Te gusta mi colita? Se que te gusta, no creas que no noté que te le quedabas viendo cuando entré?—Kim dijo con desdén y comenzó a mover su culo mientras sus nalgas rebotaban de arriba abajo, con la esperanza de que esto terminara lo antes posible. Mientras, Jorgito sentía que su verga estaba a punto de estallar.

—Jálate tu cosita, así como te lo hice ahorita, pero cuando sientas cosquillitas y ganas como de hacer pipí me avisas—advirtió Kim, mientras volteaba y levantaba la mirada sobre su hombro para mirar a Jorgito, quien estaba petrificado con los ojos aún fijos en su culo y tenía su pito duro al aire. No quería que aquel mocoso echara sus asquerosos mecos sobre ella y manchara su caro conjunto deportivo.—Ándale, mi niño, ¿qué esperas?—dijo Kim, y como si esas fueran las palabras mágicas, Jorgito salió del trance y comenzó a jalarsela como mono cilindrero en celo. Por las pequeñas muecas que hacía el niño supo que aún no sabía hacerlo bien, pero, ¿qué más daba? No era su problema, ella solo quería acabar con aquello y largarse de ahí. Asqueada por aquella cría color cartón mojado, Kim regresó la mirada y dejó que aquel chamaco hiciera lo suyo a sus espaldas mientras aún seguía rebotando sus firmes nalgas.

De repente sintió unos pequeños golpecitos en su culo. Era Jorgito quien, con su pitito en mano, comenzó a azotarlo entre sus nalgas.

—¡Ey, no! ¡¿Qué estás haciendo?!—gritó Kim, pero antes de que pudiera darse la vuelta, aquel mocoso meado rodeó su cintura con sus brazos, sujetándose bien, y comenzó a embestir su entrepierna contra el culo de ella.—¡No, espérate! ¡No te dije que podías hacer eso!—Kim trato de levantarse del sillón, pero el peso de aquel chamaco la vencía, hundiendo más su pecho sobre el respaldo del apestoso sillón, dejando su culo a merced de Jorgito quien abrazaba sus caderas y se movía por instinto. Estaba pegado cual garrapata a ese hermoso culo.

Después de unos momentos de forcejeo, Kim sintió como algo espeso y cálido penetraban la tela de sus leggins y se escurría entre sus nalgas. Jorgito había echado sus apestosos, pegajosos y calientitos mecos sobre ella. El olor a esperma cubrió el cuarto y se combinó con el hedor de meados y humedad.

—¡Pinche niño! ¡¿Qué hiciste?! ¡Te dije que me avisaras!—gritó Kim, separando los brazos de Jorgito de su cintura, quien ya estaba vencido por el placer, por lo que ella no batalló en quitárselo de encima.

Kim rápidamente se puso de pie, separó sus nalgas con ambas manos y echó un vistazo sobre su hombro. Rápido confirmó unas pequeñas y blanquecinas manchas que habían dejado los mecos de Jorgito en su culo.

—¡Qué asco!—le gritó al niño, pero este no respondió pues su mente se encontraba nublada por la delicia de echarle los mecos por primera vez a una mujer.

Kim buscó en la habitación algo con qué limpiarse, y agarró un periódico húmedo y arrugado que estaba en una de las esquinas. Extendió la hoja y la puso donde el niño había expulsado sus deseos para que el papel absorbiera el semen. Se restregó un par de hojas más, pero las pequeñas manchas ya se habían impregnado en su ropa.

—Oye, Jorgito, despierta—dio unos pequeños golpecitos con su mano en el cachete de Jorgito para que reaccionara.—Ya cumplí con mi parte, ahora borra el vídeo—dijo.

—S-sí, señora—Jorgito se levantó, completamente desnudo, y se dirigió a un mueble delante del sillón, y de entre unos peluches que estaban debajo del viejo televisor, sacó el celular. Kim trató de arrebatarlo, pero el niño la esquivó.

—Está bien, pero quiero ver qué borres el vídeo aquí frente a mí—dijo ella.

Jorgito rápidamente le picó a su celular y cuando ya tenía el vídeo en pantalla se lo mostró a Kim. Sus dedos dieron clic en aquel símbolo de bote de basura. “Estas seguro de que quieres eliminar este video”, apareció en la pantalla y el niño eligió “Sí”; repitió el mismo proceso en la papelera.

Una vez que Kim vio esto, se dirigió a la puerta para dejar el lugar.

—¿No querías hablar con mi mamá?—dijo Jorgito.

—Lo que quiero es largarme de este pinche cochinero—exclamó Kim, molesta.

Jorgito no dijo nada, se quedó en silencio mientras se ponía su apestosa ropa de nuevo. Después, con el celular aún en mano siguió a Kim por el patio frontal lleno de fierro viejo y basura hasta la reja. Kim salió y el niño la cerró con llave.
Ella ya estaba a punto de abandonar ese rincón de mala muerte abandonado por Dios cuando lo recordó.

—Oye, Jorgito, tampoco le vayas a decir nada a tu mami sobre lo que te hizo Damián—dijo con una voz dulce para persuadir al niño.

—¿Conoces a Damián?—exclamó Jorgito, extrañado y sorprendido.

—Sí, yo soy su mamá, y si dices algo le puede…

—¡Ya tengo con que vengarme!—gritó el niño, extasiado, mientras en su cara se formaba una sonrisa y los mocos se escurrían.

—¿De qué hablas?—dijo Kim, desconcertada.

“Que rico pito tienes, mi niño”, salió del celular del niño, mientras le mostraba el teléfono a Kim por dentro de la reja. Jorgito había grabado todo, y ahora aquel hijo de puta la tenía en video jalándosela a un niño y como este le embestía el culo hasta correrse.

—¡Vete a la verga, pinche niño! ¡Dame ese celular!—chilló Kim, con furia, mientras trataba de abrir el portón y metía uno de sus brazos por la reja con la esperanza de alcanzar al niño.

—¡Oiga, ¿usted quién es?!—gritó una señora mantecosa a lo lejos. Era la mamá de Jorgito quien venía de su turno en Coppel.—¿Qué hace ahí, que quiere?—Siguió gritando mientras se aproximaba más.

Kim, en pánico, sacó el brazo de la reja y emprendió la huida, mientras Jorgito se escabullía entre el montón de basura hasta la puerta de su casa.


Fin de la parte 1

Díganme que les pareció. Se que tiene algunos errores pero tampoco quería hacer una obra de arte, solo un relato porno ficticio. Como sea, cualquier comentario es bienvenido. De igual manera les digo que tengo planeadas otras 7 partes, aunque aún las estoy escribiendo.

>> Anónimo /#/ 7743 [X]
>>7740
Gracias, negrito. Si tienes alguna idea o sugerencia de lo que te gustaría leer en esta historia soy todo oídos.

>> Anónimo /#/ 7763 [X]
Kim y Jorgito

>> Anónimo /#/ 7777 [X]
gg


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